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domingo, 23 de abril de 2017

La pregunta sobre el borde

Mientras escribo una y otra vez las entradas de este blog me interrogo: ¿Qué hay en los bordes que despierta tanta fascinación? ¿Cuáles son las preguntas o los espacios de apertura en los que el concepto abre mi deseo para habilitarme a incursionar? Creo que esta respuesta tiene para mí muchos ejes de posibilidad:

En primer lugar considero que transitar los bordes de un campo profesional siempre está ligado a una propuesta de innovación. Una suerte de desobediencia disciplinar que se liga a una destrucción creativa. Realizar experiencia en el borde del campo profesional siempre implica un expandir los límites del propio conocimiento, un andar un camino nuevo, un necesario proceso de realizar preguntas nuevas para las cuales no hay respuestas ni certezas. Y en el andar ese proceso es donde se hace lugar a lo nuevo, a aquello del orden de lo no previsto, de lo creativo.

Los bordes pueden pensarse también, como un marco para agrupar herramientas teóricas y metodológicas para la acción sin necesidad de separar tajantemente las categorías. En el borde y desde los bordes podemos pensarnos y pensar de manera compleja, integrarnos en nuestro análisis, operar y crear herramientas metodológicas sin la celosa vigilancia de las disciplinas enfocándonos en la resolución de los verdaderos problemas. Desde los bordes se produce nuevo conocimiento que no se replica por imitación sobre métodos o campos de certezas porque no hay caminos transitados que copiar, sino que se exige una rigurosa reflexión sobre la práctica, sostenido en una amplia y flexible formación que permita hacer emerger nuevo  conocimiento en equipos amplios y diversos.    

Finalmente y no menos importante, el borde puede ser una posibilidad de resistencia ante toda propuesta dicotómica, ante toda situación donde el poder se ejerce aparentemente sin fisuras de manera vertical. Transitar los bordes es aquí una línea de fuga para la acción, una manera de encontrar la fractura. El borde es así otra forma de construcción. Desde aquí, los bordes abren perspectivas de resistencia, tejen  tramas de solidaridad, construyen caminos no previstos a las lógicas cerradas hacia un punto.

La pregunta sobre el borde tiene indudablemente muchos ejes de posibilidad, he propuesto aquí solo tres invitaciones que por sí misma, valen la pena transitar. 

jueves, 24 de noviembre de 2016

¿Cuál es la pauta que conecta? Gregory Bateson


Una de las preguntas que me llevó a estudiar la carrera de Comunicación Social cuando tenía 17 años era ¿cómo funciona la comunicación en y entre las especies? A esa temprana edad, intuía que existían algunos patrones, algunas claves de lecturas que nos conectaban entre las especies y con la naturaleza. Mucho más adelante comprendí, que la respuesta a esta pregunta no podía encontrarla en una sola disciplina, porque se trababa de una pregunta de frontera, que desafiaba a las propias disciplinas en sus límites.

Uno de los autores que arrimó bellas respuestas a algunos de mis interrogantes fue Gregory Bateson. Este brillante pensador que navegó en múltiples disciplinas, se había hecho la misma pregunta a mediados del siglo XX

Es por esto, que la invitación ahora es la lectura  de un  hermoso fragmento de la introducción al  Espíritu y naturaleza de Gregory Bateson donde se pregunta: “¿Cuál es la pauta que conecta a todas las criaturas vivientes?  ¿Qué pauta conecta al cangrejo con la langosta y a la orquídea con el narciso, y a los cuatro conmigo? ¿Y a mí contigo? ¿Y a nosotros seis con la ameba, en una dirección…?”

Les dejo el link al artículo y extraigo un párrafo del texto que nos conecta con el concepto de borde para seguir explorando”  “En verdad, para comenzar a pensar acerca de la pauta que conecta lo correcto es considerarla primordialmente (cualquiera sea el significado de esta palabra) como una danza de partes interactuantes, y sólo secundariamente fijada por diversas clases de límites físicos y por los límites que imponen de manera característica los organismos”



viernes, 30 de septiembre de 2016

Des-borde en Red

"Redes", Ninoska Nuñez.
El convite ahora es pensar las redes desde el concepto de borde. No hablo solamente de las redes mediadas por las TIC, la invitación es más abarcadora, hablo de las redes sociales como trama de vínculos, como relaciones dinámicas que cambian permanentemente.

En este sentido, el concepto de borde me resulta interesante: ¿dónde comienza y termina una red? ¿Cuáles son sus bordes? ¿Cuáles son los recorridos definidos y pre configurados que se establecen en el marco de una red? ¿Cuál es el centro y la periferia de una red?

Denise Najmanovich (2008) ofrece una definición interesante de red al pensarla como interacciones dinámicas que pueden tomar diferentes formatos y espacios. Una red en tanto pautas de conexión en vinculación con lo diverso que establecen lazos no prefigurados siguiendo recorridos e itinerarios no previstos.

En la misma línea Dabas y Perrone (2010) entienden las redes como sistemas abiertos que admite el ingreso y el egreso de singularidades, poseen multicentralidad y apelan a procesos de reciprocidad ente las partes que la componen.

Pensado así, los conceptos de red y de borde son incompatibles en su esencia. El concepto de red muestra la obsolescencia de la categoría de borde y todo su paradigma conceptual como marco teórico para pensar la complejidad de las redes.

El borde, desde una perspectiva clásica,  requiere un centro, busca un control sobre el objeto, es inmutable y rígido. Las redes por su parte son dinámicas y multicéntricas, operan bajo reglas propias, en tiempos y espacios múltiples.

Las redes por tanto, no pueden ser pensadas desde un enfoque positivistas que buscan el control sobre los objetos como si tratara de un experimento de laboratorio inmutable bajo el microscopio. Reclaman marcos teóricos que acompañen las tramas vinculares, que reconozcan y potencien la preexistencia de las redes y los vínculos para fortalecer los itinerarios y los objetivos comunes.

Por suerte las redes des-bordan, y al hacerlo abren nuevos intersticios, nos dan la oportunidad y abren la creatividad a la creación de nuevos conceptos y herramientas para pensarlas y acompañarlas. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Pensar la innovación desde la complejidad


Dos situaciones nos sirven de punto de partida para seguir pensado la innovación como proceso de borde. Dos situaciones que marcan los límites de una forma de pensar que ha sido característica en los abordajes de innovación en la ciencia.  Si bien son historias particulares que no pueden extenderse al universo de las prácticas de innovación para el desarrollo, son interesantes para invitarnos a la reflexión y al análisis de nuevas categorías conceptuales para abrir la innovación a su propia complejidad.

La primera la proporciona José Antonio López Cerezo (2008), en el artículo los “Los entornos de la innovación” a partir de relatar la historia de un fracaso científico del Instituto de Ciencia y Tecnología Nucleares de la Habana. El relato de López Cerezo versa sobre la implantación de una nueva variedad de frijoles propuesta por el Instituto como solución a una fuerte reducción en la variedad de mayor difusión y aceptación social de frijoles en la Habana por una plaga que afectaba a los cultivos. A partir de esta problemática, los científicos del Instituto desarrollaron una nueva variedad inmune a la plaga, que buscaba ser idéntica a la tradicional en todos los parámetros relevantes (color, peso, textura).  Pero cuando se inicia la etapa de comercialización, el resultado fue un rotundo fracaso. Los consumidores entendían  “que no sabían lo mismo” y optaba por no consumirla. 

La segunda experiencia sobre los efectos de un proceso de industrialización de tapices en un poblado rural, la aporta Paolo Mefalopulos y Chris Kamlongera (2008) en “Diseño participativo para una estrategia de comunicación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación”.  Ambos autores narran el caso de un proyecto de una organización internacional vinculada a la intensificación en la producción de tapices en una comunidad rural. En esta comunidad, los tapices y alfombras artesanales realizadas por los hombres eran el principal y único recurso económico del pueblo.

En este marco, una organización no gubernamental internacional identificó este poblado como un objetivo posible para su programa de contención de la pobreza. El programa estaba enfocado al género y fomentaba la generación de ingresos por parte de las mujeres. Después de un estudio de factibilidad, la organización no gubernamental identificó la producción mecanizada de tapices para las mujeres como el proyecto para la generación de ingresos. La organización inmediatamente proveyó los materiales para el desarrollo de una pequeña planta de producción industrial y capacitó a las mujeres del poblado. A partir de allí, hombres y  mujeres comenzaron a competir por un mercado limitado de tapices. Las mujeres con su capacitación y su maquinaria, produjeron un mayor número de ellos y los hombres pusieron fin al tejido de tapices ya que no podían competir con las mujeres y su nueva tecnología. Por su parte, las mujeres, al estar trabajando en la fábrica no podían atender sus tareas domésticas como era tradición y por consiguiente muchos aspectos en el poblado comenzaron a deteriorarse (por ejemplo se redujo el acceso al agua potable, dificultades en aspectos sanitarios, violencia familiar entre otros). Muy pronto, con el aumento de la producción, el mercado estuvo saturado, los precios comenzaron a bajar y por consiguiente el ingreso comenzó a empeorar rápidamente en el poblado.

Los casos narrados invitan a la reflexión de lo que Rosa María Alfaro (1993) retomando a Mattelart define como «la pérdida del sentido del otro» que suele estar presente en las conceptualizaciones tradicionales de innovación y en muchos proyectos de desarrollo.  El “olvido” sobre el gusto del consumidor –que no puede pesarse o medirse de acuerdo a las categorías clásicas- en el caso de López Cerezo o la imbricación de dimensiones presentes más allá de los indicadores económicos puestos en juego en el caso narrado por Mefalopulos y  Kamlongera.

Los casos muestran lo complejo de la realidad, y como la realidad se presenta en sistemas interconectados, solidarios entre sí,  más allá de nuestra creencia de pensarlos en términos separados y compartimentados. Desde esta perspectiva, se muestran las limitaciones de pensar la innovación en términos de linealidad y simplicidad.

En este punto es interesante retomar el concepto de autopoiesis de Maturana y Varela (1998) para pensar la innovación como autopoiética en la medida que puede entenderse como un proceso circular recursivo que se auto-produce y auto-reproduce dentro sus propios límites. El concepto de autopoiesis para pensar la innovación nos muestra los límites de los propios sistemas más allá del “empujón de la ciencia” o del “tirón de la demanda” y marca la necesidad de repensar el proceso como una construcción conjunta entre los diferentes actores involucrados que muestra sus limitaciones  dentro del propio sistema.

A partir de lo anterior, la innovación borra su secuencia en línea para mostrar toda su complejidad. La innovación es concebida como un proceso social de creación e intercambio de conocimientos  entre actores.  Nunca es producto de un proceso individual, siempre es resultado de una interacción con otros.

Pero el abordaje de la innovación desde un pensamiento complejo requiere indefectiblemente superar los límites disciplinares para pensar en procesos interdisciplinares y transdiciplinares capaces de construir nuevos niveles de comprensión.

En este punto la comunicación cobra un lugar central al facilitar los espacios de encuentro, al mostrar los bordes, los cruces donde puedan emergen los nuevos acuerdos. Eduardo Vizer reflexiona al respecto: «la comunicación puede ser precisamente una perspectiva de interpretación que cruce los límites disciplinarios y ayude a construir un metanivel de comprensión sobre la realidad conflictiva y multidimensional de los procesos que se articulan en una realidad dada» (Vizer, 2003: p.157).

Nuevamente la comunicación y los bordes aparecen ligados en la complejidad de los procesos de innovación, necesariamente van en pareja, la comunicación encuentra en los bordes un lugar donde habitar.


Bibliografía:
LOPEZ CEREZO, J (2004, abril). “Los entornos de la innovación” Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad. REDES: Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior. Año/Volumen 1. Nº 002 189-193. Buenos Aires. Volumen 002 de las páginas 189-193. Disponible en: http://redalyc.uaemex.mx/pdf/924/92410210.pdf
MEFALOPULOS, P y KAMLONGERA, C (2008) Diseño participativo para una estrategia de comunicación. (2ª ed.). Dirección de Investigación y Extensión Departamento de Ordenación de Recursos Naturales y Medio Ambiente Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Roma.  Edit. FAO.
VARELA, F. (1996) Conocer. Barcelona, España. Gedisa
VIZER, E (2003) La trama (in)visible de la vida social.: comunicación, sentido y realidad (1ª ed.). Buenos Aires. La Crujía

sábado, 27 de agosto de 2016

Primer Borde: La ciencia

Al pensar en bordes rápidamente viene a mi cabeza la razón de ser racionalizadora de la ciencia positivista. Una de las propuestas centrales de la ciencia clásica fue construir bordes. Bordes que separaran los dominios de la ciencia, las partículas elementales, los campos disciplinares. Bordes como fronteras,  que persiguen como única medida el control sobre los objetos. Bordes que se presentan como universales y absolutos. Bordes como amenazas, bordes como tajantes separaciones de objetos. Esta visión de la ciencia construyo una visión de  objetos aislados y separados por sus bordes como espacios ciegos. Bordes que tienen prohibido habitarse.
La medicina alopática es un claro ejemplo: cardiólogos, neurólogos, oftalmólogos, psiquiatras,  traumatólogos…un cuerpo escindido,  fragmentado, separado por objetos y sus bordes…salud y enfermedad….bordes que no se cuestionan, bordes que no se observan….disciplinas celosas de sus objetos que remarcan los bordes retomando el control de sus espacios. Seres humanos fragmentados a la mínima unidad, separados por bordes. 
Al decir esto viene a mi cabeza un nuevo borde: la idea de frontera. En términos simples, una frontera marca la división entre territorios. No obstante, todos los que hemos visitado alguna frontera internacional hemos visto que la frontera no es un límite, sino es espacio habitado rebosante de significado. Como es un espacio “no definido”, libre de territorialidad,  la frontera se presenta como abierta a “otras reglas”. La frontera entonces, no es una línea sino una franja de territorio.
La frontera con Bolivia, que une La Quiaca con Villazón es un claro ejemplo: cientos y cientos de hombres y mujeres transitan la frontera llevando enormes pesos de mercancía. De cada lado de la frontera, camiones cargan y descargan la mercadería. Una espacio "no visto", otras reglas… En el medio todo un universo, mujeres que cuentan historias, venden sus mercaderías, monos haciendo piruetas, turistas, comerciantes, niños, niñas. Un espacio que simbólicamente no es Bolivia ni Argentina; un espacio que geográficamente no cuenta…
El ejemplo de la frontera es un disparador para pensar en los bordes tradicionales de la ciencia clásica: los cientos de hombres, los monos, los turistas, los niños y las niñas serían invisibles bajo los ojos de la ciencia clásica…no existen, no se cuestionan, no son ni de unos ni de otros. Habitan en los bordes.

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